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QUIÉN DA MÁS

Por Edgardo Cabrera

Finalmente la Triste Historia dio a conocer las cifras del Mundial de Voleibol de Playa que concluyó el 15 de octubre, tuvieron que pasar más de 3 meses para que les cuadrarán las cifras, ¡cómo debía ser!, fue un ¡exitazo!, aunque la aplastante mayoría de los asistentes fueran tlaxcaltecas y el auditorio principal ¡chinos!

La noticia, es que no hay noticia, ese despilfarro económico que propagandearon durante un año sigue generando más dudas que respuestas, y cada que hablan de ese triste recuerdo les sale el tiro por la culata.

En cuanto a las cifras maquilladas y confusas cada quien las interpretó según su conveniencia, por ejemplo el boletín oficial informó que fueron 49.5 millones de dólares de derrama, pero dos medios locales oficialistas publicaron que el billete captado ascendió a 900 millones de pesos, quién sabe de dónde sacaron esa barbaridad de dinero, porque en la conversión peso dólar no cuadra, fue algo así como en subasta: ¡quién da más!

El estudio del impacto económico y social que realizó una costosa empresa extranjera, a la que le tomó meses procesar la confusa información, presentó otras joyas más, por ejemplo, hay una lámina dedicada al número de “espectadores en directo”, según ellos fueron 69 millones, la aplastante mayoría chinos, algo así como 30 millones, otros 15 de la República Checa, curioso, más bien raro, ni Norteamericanos, menos australianos aparecen, pese a que en ambos países el deporte les reporta gran interés y la dupla femenina que ganó es de Estados Unidos.

Por cierto, tampoco figuran en esa gráfica la audiencia mexicana.

Y una joya más que revela el fracaso y su desesperación por decir lo contrario, el 71 por ciento de los asistente fueron tlaxcaltecas, y el 26 por ciento mexicanos, ¿cuál turismo presumido?, recordemos, el gobierno de la triste historia fue quien compró el boletaje y lo regaló a los funcionarios, politiquillos cuatroteistas y compadres, que andaban como locos regalándolos para llenar las sedes, y como no pudieron, obligaron a estudiantes a ir, los sacaron de clases para acarrearlos a las canchas.

Dijeron que solo 3 por ciento de los asistentes fueron extranjeros, y sí, familiares y el staf de los jugadores, así como del comité organizador; entre el 26 por ciento de mexicanos están los enviados de Ana Gabriela Guevara.

Para dar el acostumbrado atole con el dedo, incluyeron, además, una gráfica del valor publicitario de la marca Tlaxcala en medios, dicen que fue de 3.7 millones de dólares, porque los espectadores vieron en las vallas led, silla de árbitro, red y mascota el nombre de Tlaxcala, ¡ah cabrón!, y como los chinos saben qué significa la palabra, y a los checos ya les llegó el mensaje de que “si existimos”, nos han invadido legiones de turistas desde que acabó el mentado voleibol.

Lo único claro aquí, son los hechos, no los otros datos, lo que vimos fueron canchas vacías, el desinterés colectivo, y que esos supuestos 900 millones de pesos de derrama de esfumaron en las manos de quién sabe quiénes, porque aquí los hoteleros, por ejemplo, dijeron que hubo más habitaciones ocupadas por el avistamiento de luciérnagas que por el voleibol; los restauranteros no sintieron en sus bolsillos las ganancias, con excepción de los del primer cuadro de la capital y los cercanos a las otras sedes.

Y, para rematar, les faltó el dato de cuánto cobró la empresa trasnacional para encuadrar las cifras, porque ciertamente fue una tarea sumamente difícil, tan es así que tuvieron que invertir un mes más de los prometido para darlas a conocer.

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