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EN TLAXCALA, LA SALUD NO PUEDE ESPERAR

EN TLAXCALA, LA SALUD NO PUEDE ESPERAR

Anabell Ávalos Zempoalteca

¿Estás satisfecho con la calidad y atención de los servicios de salud en Tlaxcala? ¿Cuántas veces has acudido a una clínica u hospital público y no has encontrado una cita, un médico, un medicamento o incluso el equipo necesario para recibir atención?

Estas preguntas surgen de situaciones que viven todos los días miles de familias tlaxcaltecas. Y añadiría una cuestión todavía más importante: ¿cuánto le cuesta a una familia enfermarse cuando el sistema público de salud no responde?

Para muchas personas, la respuesta significa comprar medicamentos con dinero propio, pagar consultas particulares, trasladarse a Puebla o a la Ciudad de México, perder días de trabajo y, en los casos más graves, comprometer el patrimonio familiar.

El problema es que, mientras esta realidad está en las calles, el discurso de las autoridades competentes insiste en presentar un sistema de salud que funciona mucho mejor de lo que realmente perciben los ciudadanos.

Reconocer un problema no significa atacar al gobierno. Significa tener la honestidad de admitirlo para darle una solución.

México todavía no cuenta con un sistema universal de salud que garantice atención oportuna y de calidad para todas y todos. La creación del IMSS-Bienestar se presentó como la respuesta a esta carencia, después del fracaso del INSABI, pero cambiarle el nombre a una institución no resuelve, por sí mismo, la falta de médicos, medicamentos, infraestructura, especialistas y capacidad hospitalaria.

En Tlaxcala, el problema es todavía más evidente.

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), cuatro de cada diez tlaxcaltecas presentaban carencia por acceso a los servicios de salud. Y, según México Evalúa, alrededor de 12 mil hogares tlaxcaltecas enfrentan anualmente gastos catastróficos relacionados con la salud.

Estamos hablando de que, detrás de cada cifra, hay una historia de cientos de miles de personas. Está la madre que no encuentra el medicamento de su hijo. El adulto mayor que espera meses por una consulta especializada. El paciente que necesita una cirugía y no puede ser atendido porque no hay insumos o porque el equipo está fuera de servicio. La familia que tiene que viajar a Puebla o a la Ciudad de México para recibir atención.

La salud no puede depender de la capacidad económica de cada familia.

Y tampoco podemos normalizar que las calles afuera de los hospitales se conviertan en salas de espera, que una consulta termine sin medicamentos o que los pacientes tengan que peregrinar de un hospital a otro buscando atención.

Quiero reconocer a las doctoras, doctores, enfermeras, enfermeros y trabajadores del sector salud que todos los días hacen enormes esfuerzos para atender a la población con los recursos que tienen. Ellos tienen que enfrentar, muchas veces, las carencias que no dependen de su voluntad.

Precisamente por eso necesitamos cambiar las cosas. Como legisladora y representante de Tlaxcala, considero que debemos construir una agenda seria para recuperar nuestro sistema de salud. No más ocurrencias ni soluciones improvisadas.

Primero, necesitamos fortalecer presupuestalmente las unidades de salud familiar y los centros de salud municipales, para que la atención primaria realmente funcione y las personas no tengan que trasladarse grandes distancias para recibir servicios básicos.

Segundo, debemos reconstruir el sistema de abasto de medicamentos y vacunas. El dinero público debe traducirse en medicamentos disponibles para quien los necesita. Necesitamos sistemas que permitan conocer la demanda, las compras, el inventario y la distribución de cada medicamento.

Tercero, Tlaxcala necesita fortalecer su capacidad de atención especializada. Diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares y padecimientos renales requieren infraestructura, especialistas y servicios de diálisis que permitan atender a los pacientes en nuestro propio estado.

Cuarto, debemos establecer mecanismos eficaces de denuncia y seguimiento para los casos de negligencia, malos tratos, falta de medicamentos o deficiente atención. Una queja que no genera respuesta ni consecuencias termina convirtiéndose en una invitación a que el problema continúe.

Y hay algo fundamental: debemos recuperar la dignidad del paciente.

La salud no es una dádiva del gobierno ni un favor que se le hace a la ciudadanía. Es un derecho.

La política también debería tener una regla fundamental: ante todo, no dañar. De la misma manera que la medicina tiene su lex artis, quienes tenemos responsabilidades públicas debemos entender que nuestras decisiones tienen consecuencias directas sobre la vida de las personas.

Por eso no quiero quedarme solamente en la crítica. Quiero escuchar a las familias, a los médicos, a las enfermeras y a todos quienes conocen desde dentro las deficiencias del sistema.

Tlaxcala necesita un sistema de salud que funcione cuando la gente más lo necesita, no solamente un discurso que diga que funciona.

La salud no puede esperar. Y reconstruirla debe ser una prioridad de gobierno, de sociedad y también de quienes tenemos la responsabilidad de representar a Tlaxcala.